LECTURAS DOMINICALES

domingo 5 de diciembre (Word)
domingo 28 de noviembre (Word)
domingo 21 de noviembre (Word)
domingo 14 de noviembre (Word)
Domingo 31 de octubre (Word)
Domingo 24 de octubre (Word)
Domingo 18 de octubre (Word)
Domingo 3 de octubre (Word)
Domingo 26 de septiembre (Word)
Domingo 5 de septiembre (Word)
Domingo 29 de agosto (Word)
Domingo 22 de agosto (Word)
Domingo 15 de agosto (Word)
Domingo 8 de agosto (Word)
Domingo 1 de agosto (Word)
Domingo 25 de julio (Word)
Domingo 18 de julio (Word)
Domingo 11 de julio (Word)
Domingo 27 de junio (Word)
Domingo 20 de junio (Word)
Domingo 13 de junio (Word)





 

 

 

 

 

Lecturas del 5-12-10
(Domingo de Segunda Semana de Adviento)

 

 

Lectura del libro del profeta Isaías 11, 1-10

 

Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor- .
 El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas.
 El lobo habitará con el cordero y el leopardo se recostará junto al cabrito; el ternero y el cachorro de león pacerán juntos, y un niño pequeño los conducirá; la vaca y la osa vivirán en compañía, sus crías se recostarán juntas, y el león comerá paja lo mismo que el buey.
 El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra, y en la cueva de la víbora meterá la mano el niño apenas destetado. No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.
 Aquel día, la raíz de Jesé se erigirá como emblema para los pueblos: las naciones la buscarán y la gloria será su morada.

 

Palabra de Dios.

 


SALMO Sal 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17 (R.: cf.7)

 

R. Que en sus días florezca la justicia
 y abunde la paz eternamente.

 

 Concede, Señor, tu justicia al rey
 y tu rectitud al descendiente de reyes,
 para que gobierne a tu pueblo con justicia
 y a tus pobres con rectitud.  R.

 

 Que en sus días florezca la justicia
 y abunde la paz, mientras dure la luna;
 que domine de un mar hasta el otro,
 y desde el Río hasta los confines de la tierra.  R.

 

 

 

Porque él librará al pobre que suplica
 y al humilde que está desamparado.
 Tendrá compasión del débil y del pobre,
 y salvará la vida de los indigentes.  R.

 

 Que perdure su nombre para siempre
 y su linaje permanezca como el sol;
 que él sea la bendición de todos los pueblos
 y todas las naciones lo proclamen feliz.  R.

 

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Roma 15, 4-9

 

 Hermanos:
 Todo lo que ha sido escrito en el pasado, ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que por la constancia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús, para que con un solo corazón y una sola voz, glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
 Sean mutuamente acogedores, como Cristo los acogió a ustedes para la gloria de Dios. Porque les aseguro que Cristo se hizo servidor de los judíos para confirmar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas que él había hecho a nuestros padres, y para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia. Así lo enseña la Escritura cuando dice: Yo te alabaré en medio de las naciones, Señor, y cantaré en honor de tu Nombre.

 

Palabra de Dios.

 


 

 

 


 

 XLectura del santo Evangelio según san Mateo 3, 1-12

 

 En aquel tiempo, se presentó Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.» A él se refería el profeta Isaías cuando dijo: Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.
 Juan tenía una túnica de pelos de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. La gente de Jerusalén, de toda la Judea y de toda la región del Jordán iba a su encuentro, y se hacía bautizar por él en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
 Al ver que muchos fariseos y saduceos se acercaban a recibir su bautismo, Juan les dijo:
 «Raza de víboras, ¿quién les enseñó a escapar de la ira de Dios que se acerca? Produzcan el fruto de una sincera conversión, y no se contenten con decir: "Tenemos por padre a Abraham". Porque yo les digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham. El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego.
 Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible.» 

 

Palabra del Señor.

 

Juan nos prepara para definirnos frente a Jesús; esa definición implica un cambio en mi vida, ¿qué es lo que debo cambiar? ¿Es recto o torcido el camino por donde avanzo? ¿Por qué?

Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos, ¿cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

 

 


Reflexión

 

En el segundo domingo del Tiempo de Adviento, las lecturas de la misa de hoy nos presentan el Anuncio de la llegada del Señor y la preparación que debemos tener para recibirlo

 

El tiempo del Adviento es el tiempo de la preparación para las solemnidades de Navidad, cuando conmemoramos la primera venida del Hijo de Dios a los hombres. Pero también dirige la atención hacia la segunda venida del Señor al final de los tiempos. En el Prefacio de Adviento rezamos: por Cristo Señor nuestro, quién al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne, realizó el plan de redención trazado desde antiguo y nos abrió el camino de salvación; para que, cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria, revelando así la plenitud de su obra, podamos recibir los bienes prometidos, que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.

 

En este tiempo litúrgico la Iglesia nos exhorta a meditar la figura de Juan el Bautista. Este es aquel de quién habló el profeta Isaías diciendo: "Voz que clama en el desierto; preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas"

 

 Durante el tiempo de adviento aparece el significado de la misión de San Juan Bautista. Su figura se impone como una actitud de fidelidad y de respuesta a la nueva manifestación de Dios que se avecina. San Juan, en el Evangelio de hoy, nos habla de la necesidad de la conversión, del cambio de mentalidad, para poder hallar y seguir a Jesús.

 

La figura de Juan el Bautista aparece como la señal de la llegada de la salvación de Dios.  Y es que la llegada del Reino de Dios se produjo cuando el Precursor empezó a predicar la conversión y a anunciar la Buena Nueva.

 

San Juan es una figura enigmática. Es un profeta movido por el Espíritu de los profetas, que llama a un bautismo en señal de penitencia, porque detrás de él viene el que bautizará con el Espíritu Santo. Es testigo de la luz, cuyo testimonio anuncia la llegada de los tiempos mesiánicos.

 

 San Juan señala la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: es el último de los Profetas que anuncia la vendida del Señor, y el primero de los testigos de Jesús. Su particularidad consiste en que, mientras los demás Profetas habían anunciado a Cristo desde lejos, Juan Bautista lo señala ya con el dedo.

 

 Juan el Bautista se presenta predicando la necesidad de convertirse. El bautismo de Juan tenía un marcado carácter de conversión interior, que disponía para recibir la llegada de Jesús.

 Juan prepara el camino del Señor. Es el anunciante de la Salvación. Pero es simplemente la voz que anuncia. El Bautista proclama: Viene aquel a quien yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias.

 

Cuando en una familia se espera el nacimiento de un nuevo miembro todos viven los preparativos con intensidad. Hasta los más alejados de la pareja se preocupan por preguntar como van las cosas, y los más cercanos colaboran en la preparación del nido.

 

Arreglar la habitación donde va a estar el bebé, conseguir un moisés para que tenga donde dormir, comprar algunos pañales descartables para ahorrarle trabajo a mamá, tejer una batita o escarpines...

 

En fin, no hace falta abundar en detalles sobre todo lo que se puede hacer para preparar el nacimiento de un niño. Y lo más importante: si hay hermanitos, hablar con ellos para preparar el corazón. Si no los hay, soñar en pareja, imaginar el futuro, rezar a Dios por la nueva vida...

 

Preparar el nacimiento de Jesús debe ocasionar similares preparativos y conmocionar de manera parecida el hogar.

 

Por eso, es bueno preguntarnos cómo nos estamos preparando para el nacimiento de Cristo. ¿Cómo le hacemos un lugar en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestro corazón?

 

Arreglemos la habitación acercándonos al sacramento de la reconciliación, tejamos una gran red de oraciones y consigamos todo lo necesario para que nuestra propia existencia sea una casa agradable donde pueda venir el Señor. Allanemos los caminos para que todos sean testigos de la salvación.

 

 

Durante el Adviento del año 1980 el Papa Juan Pablo II estuvo con más de dos mil chicos en una parroquia romana. Y comenzó la catequesis:

- ¿Cómo es que se preparan para la Navidad?

- Con oración,- responden los chicos gritando.

- Bien, con la oración, les dice el Papa, pero también con la Confesión. Tienen que confesarse para acudir después a la Comunión. ¿Lo van a hacer?

- Si, lo haremos!

- Si, deben hacerlo - les dice Juan Pablo II. Y en voz más baja agrega: El Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño-Dios.

 

 

Que bueno sería que para prepararnos para la llegada del Señor en la próxima Navidad, dentro de unas pocas semanas, nos propongamos algún propósito semanal para ayudar a nuestro prójimo y prepararnos interiormente. Podríamos visitar algún enfermo, ayudar en alguna tarea de la parroquia, confesarnos y comulgar, rezar más, llevar a nuestros hijos a presenciar con recogimiento algún pesebre viviente.

 

Pidamos a María y a San José, que tan esmeradamente prepararon en  sus corazones la llegada de Jesús, que nos ayuden a que en nuestras familias todos nos dispongamos a recibirlo como ellos.

 

 

 

Comentario

 

La primera lectura, en línea con el tiempo de adviento que estamos viviendo nos describe un estado idílico, una manera nueva y distinta de relación de los hombres entre sí acompañado todo con un orden natural armónico en donde ni siquiera las fieras se ocuparán de enfrentarse unas con otras.

 

El poema de Isaías nos recuerda varias cosas. En primer lugar, el pueblo se encuentra en una época en la cual recuerda los días buenos y felices; pero también días amargos, llenos de zozobras e incertidumbres, todo debido a una falsa dirección impuesta por sus dirigentes. En una época el pueblo vibró por la tierra prometida según la promesa hecha a Abrahán; una vez en la tierra, con sudor y lágrimas, el pueblo pudo experimentar la alegría y el bienestar que produce la libertad. Pero llega un momento en que las cosas cambian; comienzan a vivir una nueva etapa, podríamos decir que comienzan un retroceso: se meten por el camino de la monarquía con todo lo de infidelidad que ello implicó.

 

Sea porque la experiencia de la monarquía se fundó sobre la profecía de Natán (2S 7,14) y por tanto se hizo ver como voluntad de Dios; sea porque David se asesoró de escribas y cronistas de corte que le dieron todo el realce que pudieron, o sea porque en realidad fue un excelente rey; sea por lo que sea, el referente de esperanza del pueblo comienza a ser el surgimiento de un rey como David, uno de la casa de David que corrija las desviaciones de los sucesores de su trono. Todavía hasta aquí no se puede hablar estrictamente de “esperanza mesiánica” como tal. Es a partir de Isaías que comienza a formarse la idea de la venida de un ser extraordinario no que simplemente sea como David, sino más que David; no tanto descendiente de David, sino más bien, hijo de Jesé el padre de David.

 

Dicho personaje debía encarnar los atributos del verdadero rey, entendido como lugarteniente de Dios; si hasta ahora los reyes de Israel habían descuidado su principal deber que era la protección de los débiles, esa rama nueva del tronco de Jesé pondría esa función en primerísimo lugar. Nos describe además el poema que esa nueva rama será el hombre del Espíritu como los profetas, pero más que ellos, pues los profetas eran movidos “temporalmente” por el Espíritu, mientras que este descendiente de David lo poseerá permanentemente.

 

A partir de los anuncios de Isaías, la figura del Mesías va cobrando cada vez mayor fuerza, y ello hace presagiar tiempos nuevos y mejores. La descripción que hace el profeta sobre ese nuevo ambiente, esa nueva armonía entre los seres humanos y la creación será consecuencia de una mentalidad nueva y liberada. El Mesías se definirá por la liberación, una liberación que se entiende desde todos los ángulos, tanto en lo material como en lo espiritual. El Mesías deberá enfrentar esas dos fuerzas que describe el profeta valiéndose de la imagen de fieras depredadoras y de animales mansos. Llegará un momento en el que todos en conjunto con el hombre vivirán pacíficamente. Los absurdos enfrentamientos entre los hombres, las injustificables discriminaciones, los odios el mismo negocio de la guerra tendrán que desaparecer ante la presencia del Mesías. Pero, ¿ocurrirá todo de una manera tan idílica? Obvio que no. Los cambios son dolorosos y problemáticos; sin embargo, difícil no es sinónimo de imposible. Si en cada corazón se empieza a gestar la idea del cambio y la aspiración y el compromiso por un mundo nuevo y mejor, la tarea y misión del Mesías empezará a cobrar forma. Pero esto se tiene que ir haciendo a punta de renuncias a lo que nos encierra en nosotros mismos, a punta de esfuerzo personal y común, a punta de esperanza activa.

 

Es lo que enseña san Pablo a los fieles de Roma: no dejar caer la esperanza. Esta virtud se asienta, según la experiencia del mismo apóstol, en dos pilares fundamentales: la convivencia fraterna y la escucha de la Palabra de Dios consignada en las Escrituras. Es muy grato y consolador este mensaje de Pablo hoy. No es raro encontrar tantas personas que tienen la Biblia en su casa y escuchar cómo se sienten de aliviados y consolados en momentos difíciles. Allí hay una demostración de lo que dice san Pablo, pero nosotros tenemos que ser más contundentes en ese trabajo de unir el compartir fraterno y la escucha de la Palabra para que ese contacto con la Escritura ni se vuelva intimista ni mágico!

 

En el evangelio nos encontramos con un Juan Bautista en plena actividad: tocando, con sus palabras y su estilo de vida, las fibras más íntimas de la sociedad de su tiempo. Juan encarna en su persona los clásicos profetas del Antiguo Testamento, totalmente en contraste con la gente que andaba preocupada por su apariencia externa. El evangelio describe una figura casi extraña, para muchos vulgar por su vestimenta y su dieta alimentaria. Sus palabras resuenan desde el desierto, pero tienen impacto en la capital; desde allí se desplazan fariseos y saduceos para escucharlo. Ellos son la representatividad de la sociedad judía. Los primeros encarnan el ideal del judaísmo a través de la rigurosa práctica de la ley ahora convertida en legalismo; los otros encarnan la opulencia, la autosuficiencia; están convencidos de que sus riquezas y bienes son “bendición de Dios”. Todo Israel escucha a Juan, pues también están allí los pobres, los que no viven en la capital ni poseen fortuna, pero al fin y al cabo todos ansiosos por escuchar al profeta.

 

La propuesta de Juan es clara: no basta saber y proclamar que se es hijo de Abrahán; eso es accidental, también de las piedras Dios puede hacer hijos de Abrahán. Por más hijos que se sientan de la promesa y de la bendición, la conversión es estrictamente necesaria; no se valen ni la apariencia ni la autosuficiencia. Aunque se crean árboles frondosos, lo mismo serán talados si no dan los frutos que la Palabra de Dios exige.

 

La exigencia de los frutos la comienza Juan con su bautismo de agua, punto de partida para disponerse al bautismo en el Espíritu que otorgará “el que viene detrás de mi” y al que Juan considera tan grande que no es digno de quitarle las sandalias. Sólo los que supieron captar el mensaje de Juan fueron capaces de intuir al menos algo de lo que Jesús propuso.

 

Este tiempo de Adviento es una oportunidad más que propicia para ponernos de cara a Juan y de cara a Jesús. El uno nos prepara, el otro nos forma de un modo único y definitivo, y la formación que Jesús brinda parte de su misma cuna, en la sencillez y en la pobreza como elementos esenciales para captar su mensaje y seguir su camino.

 

 


 

Para la revisión de vida

         Juan nos prepara para definirnos frente a Jesús; esa definición implica un cambio en mi vida, ¿qué es lo que debo cambiar? ¿Es recto o torcido el camino por donde avanzo? ¿Por qué?

         Juan es la antítesis de la sociedad de su tiempo; es decir, no se amoldó cómodamente a las maneras de ser y de pensar de sus contemporáneos, ¿cómo me comporto yo en el ambiente en que vivo? ¿hay algo de anuncio-denuncia en mi manera de ser y de transmitir el mensaje?

 

Para la reunión de grupo

  1. Retomamos el himno de Isaías 11,1-8, confrontemos el mensaje de este himno con la realidad que vive nuestra comunidad y pensemos qué acciones podemos emprender para que se vaya dando ese ideal de armonía entre hombres y mujeres y el resto de la creación.

 

Para la oración de los fieles

  1. Por nuestros grupos y comunidades células de la Iglesia, para que fieles a la misión que nos corresponde seamos capaces de anunciar valientemente el evangelio en todos los lugares.
  2. Por los que trabajan por la paz, la justicia y la prosperidad: para que descubran en su empeño el proyecto de Dios revelado en Jesús.
  3. Por las comunidades cristianas de todas las confesiones: para que mientras esperamos la venida de nuestro salvador realicemos obras de amor, justicia y fraternidad.
  4. Por todos nosotros para que este tiempo de adviento haga resonar en nuestros corazones las palabras de Juan que nos preparen de verdad a celebrar la llegada de Jesús.

 

Oración comunitaria

         Dios Padre-Madre que nos entregas todo tu amor; haz que nuestras palabras y obras muestren siempre nuestra disposición al amor y la reconciliación; aleja de nosotros toda actitud de discordia, egoísmo y violencia, y haz que el encuentro que hoy celebramos nos fortalezca en la construcción del “otro mundo” posible que tú nos propone ayudarte a crear. Nosotros te lo pedimos por Jesús de Nazaret, hijo tuyo, hermano y maestro nuestro. Amén.

 

 

 


 

Este es un servicio de la Comunidad de Vida Cristiana de Chile: CVX